José Eduardo “Jota” Figueroa pasó sus últimos días en el penal de Villa Las Rosas de Salta en medio de un fuerte deterioro anímico. El hombre de 46 años, condenado a prisión perpetua por el femicidio de su esposa, Mercedes Kvedaras, fue encontrado sin vida este lunes en una celda del pabellón K de la Unidad Penitenciaria 1. La Justicia investiga ahora las circunstancias de su muerte y, según fuentes vinculadas al Servicio Penitenciario, se habría tratado de un suicidio.
Quienes tuvieron contacto con él durante su permanencia en la cárcel describen un cuadro que se habría profundizado con el paso del tiempo. En los últimos días, según esas fuentes, Figueroa estaba muy deprimido y permanecía durante largos períodos dormido, en parte como consecuencia de la medicación que recibía.
Uno de los vínculos que mantuvo durante su encierro fue el de un amigo que lo visitaba con frecuencia. En esas conversaciones, de acuerdo con el relato de personas que conocían esos encuentros, Figueroa le habría manifestado que estaba “arrepentido de lo que había hecho”.
Ese arrepentimiento también había aparecido públicamente durante el juicio. Antes de conocer la condena, Figueroa pidió perdón a la familia de Mercedes, a la suya y a sus hijos. Dijo que estaba avergonzado y que lamentaba el daño provocado. El 30 de abril, el tribunal lo condenó a prisión perpetua por el homicidio doblemente calificado por el vínculo y por mediar violencia de género.
Pero mucho antes de aquella sentencia, su vida cotidiana dentro del penal había adquirido una rutina particular. Durante los primeros tiempos de su alojamiento en Villa Las Rosas, los sábados tenía la posibilidad de realizar equinoterapia. Para esa actividad, según personas que conocían su rutina, trasladaban un caballo hasta el sector donde se encontraba alojado.
También encontraba refugio en la lectura. Pasaba parte del tiempo leyendo y, como durante la noche no contaba con iluminación suficiente para hacerlo, le habían conseguido una linterna para que pudiera continuar con esa actividad.
Con el correr de los años, el encierro y el avance del proceso judicial fueron modificando esa rutina. Figueroa atravesó casi tres años de prisión antes de recibir la condena definitiva. En abril de este año, después de un juicio en el que declararon alrededor de 80 testigos, fue condenado a la pena máxima.
Tras la sentencia, el tribunal dispuso que continuara alojado en Villa Las Rosas y que recibiera tratamiento psicológico y psiquiátrico. También se mantuvo suspendido el régimen de comunicación con sus tres hijos.
En las últimas semanas, quienes tuvieron contacto con él describen a un hombre cada vez más aislado y afectado emocionalmente. La medicación hacía que permaneciera buena parte del tiempo dormido y, según esas personas, su estado depresivo se había vuelto particularmente evidente.
Este lunes, esa historia dentro del penal terminó de manera abrupta. Figueroa fue encontrado sin vida mientras cumplía la condena por el femicidio de Mercedes Kvedaras. La Fiscalía intervino para determinar exactamente qué ocurrió y confirmar las circunstancias de su muerte.
Su muerte cierra de manera inesperada la historia judicial de un crimen que conmocionó a Salta, pero no modifica la condena que había recibido por el asesinato de Mercedes. El femicidio ocurrido el 4 de agosto de 2023 en el barrio privado El Tipal había terminado, casi tres años después, con una sentencia de prisión perpetua.
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