Con la mística intacta Charly García mostró su Torre de Tesla en el Luna Park


Bastó con que se escuche su voz para que todos se paren de sus asientos. Al ritmo de “Instituciones”, uno de los clásicos de Sui Generis, Charly García abrió el show junto su ex compañero, Nito Mestre, y se llevó el aplauso de todos. La noche recién empezaba.

El artista se presentó en el Luna Park para montar nuevamente la “Torre de Tesla” en medio del escenario. La última vez que pisó ese escenario fue en 2012, cuando presentó su álbum «60×60». Siete años después, entre la multitud, la previa y las filas de espera, la Avenida Medrano volvió a rodearse de fanáticos.

Alrededor de las 21, el cantante dio inicio al show, que se extendió alrededor de una hora y media. Sentado en su sillón de cuero -cual trono-, fue ubicado en el costado izquierdo del escenario, mientras que en el centro se situaba la banda y Rosario Ortega, su corista fiel en cada uno de los conciertos.

Luego, todo el estadio estalló con clásicos como “Cerca de la revolución” o “Parte de la religión”. A pesar de que hubo algunos errores con la banda, y en algunas canciones como “Lluvia” o “Asesiname” Charly se olvidó de la letra, nada parecía importar en el momento en que agarraba la guitarra eléctrica para comenzar a tocar.

Después de una breve pausa, Charly reclamó detrás del telón: “No veo nada”, con lo cual volvió al escenario. En la segunda y última parte del recital, buscó apeló directamente a todos los nostálgicos de Serú Girán: así se notó con la aparición de Pedro Aznar para interpretar “No llores por mí Argentina”, junto a un abrazo final entre ambas figuras que emocionó a todos.

A su vez, Nito volvió por más con “El día que apagaron la luz”, y finalizó con temas como “Ojos de videotape” y “Lo que ves es lo que hay”. “Muchas gracias, viva la música. Gracias chicos y chicas”, sentenció antes de que se cierre el telón por última vez.

Sin embargo, el show solo había culminado arriba del escenario: entre la gente se extendió durante un rato más. Así se pudo notar cuando jóvenes y adultos empezaron a entonar las estrofas de “Seminare”, “Confesiones de invierno”, “Rasguña las piedras” e “Inconsciente colectivo”. Todo seguía y seguía.

“No te mueras nunca”, gritó un fanático durante una de las pausas del show. Say no more: con esas palabras resumió el deseo de todo el Luna Park, y también de todo un país. Cuando Charly lo escuchó, pidió que enciendan las luces, lo señaló y le sonrió. Porque su magia sigue ahí, llenando estadios, agotando entradas: más intacta que nunca.

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