La variante BA.3.2 de COVID-19, también llamada “Cigarra” o “Cicada”, comenzó a generar atención internacional por su rápida expansión y por la cantidad de mutaciones que presenta. Aunque ya circula en al menos 23 países y se encuentra bajo vigilancia de la Organización Mundial de la Salud, hasta el momento no hay evidencia de que provoque una enfermedad más grave que otras variantes en circulación.
Este sublinaje de Ómicron fue identificado por primera vez en Sudáfrica a fines de 2024. Según especialistas y autoridades sanitarias, la principal preocupación no pasa por una mayor letalidad, sino por su posible capacidad para evadir parcialmente la inmunidad generada por vacunas o infecciones previas.
De todos modos, los datos disponibles hasta ahora no muestran un incremento de hospitalizaciones ni de muertes asociado específicamente a BA.3.2. Es decir: se la sigue de cerca por su comportamiento, pero no porque haya demostrado ser más peligrosa que otras cepas recientes.
En Estados Unidos, la variante ya fue detectada en al menos 25 estados durante los primeros meses de 2026, de acuerdo con datos citados en el informe. Su presencia apareció tanto en muestras clínicas como en análisis de aguas residuales, una herramienta que permite anticipar la circulación del virus incluso antes de que aumenten los casos confirmados.
El primer registro en ese país se habría dado en junio de 2025, en un viajero procedente de Países Bajos. Desde septiembre de ese año, las detecciones comenzaron a crecer, lo que llevó a reforzar la vigilancia epidemiológica para monitorear su avance y estudiar su comportamiento en distintas regiones.
Hasta fines de marzo de 2026, en Argentina no había casos confirmados de la variante BA.3.2. Sin embargo, los especialistas no descartan que pueda llegar eventualmente, teniendo en cuenta que ya fue reportada en distintos países, incluso en América Latina.
En cuanto a los síntomas, “Cigarra” presenta manifestaciones similares a las de otros linajes de COVID-19. Los cuadros más frecuentes incluyen fiebre, tos, dolor de garganta, congestión nasal, fatiga y dolores musculares. En algunos casos también puede haber pérdida del olfato o del gusto. En general, la infección se describe como respiratoria y de intensidad leve a moderada.
Respecto de las vacunas, la advertencia es clara: aunque podrían ser menos eficaces para prevenir el contagio frente a esta variante, siguen siendo claves para evitar cuadros graves, internaciones y muertes. Por eso, los organismos internacionales remarcan la necesidad de sostener la vigilancia genómica y epidemiológica ante la evolución de BA.3.2.




















