Iván Colmenares, un ciudadano colombiano que pasó un año detenido en El Rodeo I, contó cómo fueron los días de encierro junto al gendarme argentino.
El testimonio de Iván Colmenares volvió a poner en primer plano la situación de los presos extranjeros detenidos en Venezuela y, en particular, el caso del gendarme argentino Nahuel Gallo.
El ciudadano colombiano, que compartió celda durante gran parte de su cautiverio con el efectivo argentino, relató las condiciones extremas de detención en la cárcel de máxima seguridad El Rodeo I y aseguró que ambos entendieron rápidamente que estaban privados de su libertad por razones políticas.
El hombre permaneció detenido durante un año en ese penal y forjó una estrecha relación con el argentino, a quien conoció bajo su segundo nombre, Agustín. Según explicó, su detención se produjo cuando intentaba sellar su pasaporte en un aeropuerto venezolano, un trámite que realizaba para regresar a su país natal, el departamento colombiano de Norte de Santander.
Lo que comenzó como una supuesta “entrevista” terminó derivando en interrogatorios confusos, traslados y finalmente el encierro en una de las cárceles más temidas del país.
“El trato era completamente arbitrario”, relató. Según su testimonio, los detenidos eran obligados a obedecer órdenes sin explicación, firmar documentos sin conocer su contenido y aceptar acusaciones armadas por las autoridades. “No había garantías, no había proceso justo. Todo era coerción”, afirmó.
Colmenares detalló que Gallo ingresó a El Rodeo I en diciembre de 2024 y que, desde el primer momento, ambos se apoyaron mutuamente para sobrellevar el impacto psicológico del encierro. “Cuando alguien llegaba, estaba en shock. Tratábamos de calmarnos entre nosotros”, recordó. Con el paso de los meses, la convivencia se volvió cotidiana y la amistad se fortaleció. “Prácticamente todo el año fue mi mejor amigo”, sostuvo.
En su relato, el colombiano describió escenas de extrema violencia. “Nos encapuchaban, nos esposaban y nos pegaban con los rifles. Tenías que quedarte quieto, porque cualquier reacción tenía consecuencias”, aseguró. Entre los castigos mencionó el uso de gas lacrimógeno y el confinamiento en celdas de aislamiento como métodos habituales de disciplinamiento.
Uno de los momentos más angustiantes, según contó, fue cuando tras varios meses se permitió una primera llamada telefónica. Nahuel no pudo comunicarse con su familia porque no recordaba números de memoria.
“Buscábamos la manera de mandar señales de vida, aunque fuera por otros medios”, señaló, dando cuenta del aislamiento extremo al que eran sometidos.
Con el paso del tiempo, ambos llegaron a una conclusión compartida: “Éramos presos políticos”. Según Colmenares, las detenciones respondían a una lógica de negociación internacional.
“Nos tenían ahí para intercambiar intereses con otros países”, afirmó, en una definición que refuerza las denuncias de organizaciones de derechos humanos sobre el uso de presos extranjeros como herramientas de presión diplomática.
El testimonio se conoció en un contexto de renovadas expectativas por la posible liberación de Gallo, luego de la captura e imputación del dictador Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos. Mientras tanto, el Gobierno argentino sigue de cerca la situación y mantiene gestiones diplomáticas con el Gobierno de Trump, en la búsqueda por facilitar las negociaciones.




















