CULTURA EMERGENTE


La adicción a la tecnología derrumba las costumbres familiares de antaño

Por Redacción Ciudad Despierta

Síndrome de la cabeza gacha, phubbing o directamente la tecnofilia, son los encargados de que la interacción virtual desafíe el cara a cara. Una adicción que aplasta los lazos familiares.

La adicción a la tecnología derrumba las costumbres familiares de antaño

Los tiempos que corren nos muestran una adecuación y modificaciónen los roles que cumplían unos y otros dentro de la familia. Han ido mutando, quedando los protagonistas expuestos a las críticas en una sociedad que no deja de producir cambios y que ha puesto en tela de juicio el respeto reverencial que existía hacia ellos. Aquella imagen venerada, hoy en crisis, es cuestionada y a veces repudiada (del mismo modo que sucede con los mitos cuando comienzan a desgastarse y terminan desmoronándose), arrastrando tras de sí la efigie de sus deidades.

Las modificaciones culturales que las sociedades produjeron, de la mano de la globalización y de las corrientes migratorias en el mundo, es probable que hayan contribuido a la pérdida de identidad, que no es más que el derrumbe de las tradiciones, de las costumbres que los padres transmitieron a los hijos.

Ese mismo fenómeno se produce entre los abuelos y los nietos. Si a esos cambios en los hábitos le sumásemos el autismo personal que la tecnológica introdujo, volviendo zombies a los humanos y humanizando en demasía a las máquinas (salpimentándolo con algunas grageas de “clonazepam”), tal vez nos acerquemos a las razones de esta sinrazón. Las manos van perdiendo una de sus mejores funcionalidades, la de acariciar mejillas.

En cambio, lo hacen con frenesí cuando saltan, se lanzan y detienen (cual bailarinas de ballet) y se deslizan sobre las superficies vidriadas de los smartphones, abarrotados de íconos y superpoblados de “emojis, emoticones y/o sonrisas virtuales” aunque carentes de emociones reales (esas que derivan en lágrimas provenientes del alma, y no del llanto, no siempre sincero).

Los brazos han dejado de abrazar a los afectos en los encuentros, para rechazar al diferente y desentenderse del prójimo. Los ojos dejaron de observar todo lo bello que nos rodea, y que apreciamos en cada despertar, pero sólo miran fijamente cada uno de los cambios en los eventos que registran los celulares (señal sonora mediante).

El amor a los padres era el sentimiento que no interrumpía ni siquiera la muerte, porque trascendía a los descendientes transmutado como legado ancestral, que se perpetuaba de padres a hijos y en los hijos de los hijos. Porque eran ellos quienes tomaban la posta de ese ciclo natural, que se mantuvo inmutable por los siglos de los siglos.

El contacto fugaz, síntoma del cambio cultural

Phubbing: Ignorar la presencia del otro para dedicarla al móvil.

Phubbing: Ignorar la presencia del otro para dedicarla al móvil.

El lector nos transmite su romanticismo con los valores que hoy van perdiendo peso de la mano de la tecnología. Y es para ocuparse, y preocuparse. Sucede que las sociedades van mutando y emergen cambios culturales, históricos y revolucionarios, como los que atravesamos actualmente. Son síntomas de una renovación, marcan tendencia, y lo frívolo y virtual toman distancia del lazo familiar.

El grito del lector es un reclamo, un llamado de atención a aquellos que perdieron identidad y las tradiciones hogareñas"

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Un claro ejemplo son los chicos; tampoco se salvan adolescentes y algunos adultos, sumergidos en ese “autismo personal que la tecnológica introdujo volviendo zombies a los humanos”, dice en voz alta Juan José. Esa escena es el padecimiento de muchos que sufren la escasez de afectos y abrazos, ...esa caricia esquiva. Es la consecuencia del “síndrome de la cabeza gacha”, retrucan los expertos. Y hace un reclamo, un llamado de atención a los que perdieron identidad y las tradiciones hogareñas inculcadas por los abuelos inmigrantes.

El desafío estriba en fortalecer los pilares del legado que se transmite de generación en generación. Y el respeto forma parte de esa herencia.

Ir en tándem, encontrar un balance y aunar esfuerzos para buscar la reconciliación puede ser el puntapié inicial para lidiar con el universo imaginario de las personas con adicción a la tecnología. Pero como padecen un feroz apego al contacto fugaz con el prójimo, alcanzar esa empatía que se descuidó, parece esfumarse entre las teclas de cualquier celular.


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